Me llaman Naturaleza Señores beneficiarios de la Casa Grande
Me permito manifestarles mi indignación por su falta de compromiso con mi casa grande que con tanta generosidad les entregué para su sustento y placer. En los últimos 100 años, tiempo que es muy corto con relación a la construcción de esta vivienda, que es aproximadamente de cinco mil millones de años, han destruido buena parte de mi patrimonio por la codicia, las malas expresiones y hasta por sus pensamientos negativos, que como bien saben, yo los percibo.
Con pena me vi obligada a enviarles esos bichos invisibles con el único fin de solicitarles un poco de conciencia por lo que están haciendo. Les advertí en muchas ocasiones con el recalentamiento climático y el deshielo de los polos; respondieron a través del fracking con el que me sacan la sangre, llamada por ustedes petróleo, donde no queda piedra sobre piedra y envenenan las fuentes de agua, junto con la aspersión de un veneno conocido como glifosato con el que queman una planta sagrada para muchos pueblos ancestrales denominada coca que al lado de aparentemente destruirla, afecta severamente mi piel y la de arbolitos que son su alimento y el de valiosos animalitos que polinizan o ayudan a completar mi ciclo de beneficios.
No hubiera querido causarles algunas preocupaciones, pero soy una madre ofendida a la que no le han correspondido cabalmente, pese a que no les he negado nada. Modestia aparte soy la personificación de la perfección y principalmente, de un amor infinito que no lo han valorado como debe ser.
Disculpen las personas buenas que por fortuna son numerosas; pero me es difícil seleccionar a los que se contagian de los que no deben contagiarse; sin embargo su salud está en buena parte, en el cuidado y la autoestima de cada uno de ustedes. Comedidamente les solicito como mínimo, el lavado de manos frecuente, la mascarilla y el prudente distanciamiento con todas las personas, además de una alimentación balanceada, rica en Vitamina C que envío periódicamente mediante promociones o abundantes cosechas. Les recomiendo por su bienestar que no sigan consumiendo bebidas embriagantes hasta perder el sentido, ni jugos de colorantes y sabores artificiales e igualmente no quisiera que siguieran sacrificando entre otros animales, a los vacunos y caprinos que sólo traen problemas en las arterias, el corazón y aún en vuestras células, produciendo la cariocinesis o envejecimiento prematuro. Como siempre y como manda el Creador, los dejo a su libre albedrío porque bien se sabe que cada humano es dueño de su propio destino.
Comedidamente les aconsejo que no se priven de disfrutar el aroma de las flores, degustar las diferentes clases de frutas, el canto de las aves, los avistamientos de ballenas, delfines o venadillos; el sonido del río, el mar o del arroyo cristalino y por favor no olviden contemplar el astro rey con sus amaneceres, atardeceres o en meridiano iluminando el firmamento o formando asombrosas figuras de algodón, y en la noche abrazando a su amada luna, con la curiosa presencia de miles de estrellas y luceros.
Les exijo que no sigan acabando con la vida de las plantas y animales si no hay una poderosa justificación; tomen conciencia que cada día desaparecen 10 especies diferentes con la posibilidad que al paso que van, también corre el peligro de desaparecer el género humano, observen, por ejemplo que un rey llamado “emérito” de España al que le rinden pleitesía aunque desfalcó a su pueblo, aparece en una foto con un pie encima de un elefante que acababa de matar para extraerle sus colmillos de marfil con el propósito de hacer bolas de billar; matar un tigre para elaborar un traje o un tapete, al que muchos lo pisan; aniquilar la vida de un león para colocar su cabeza en la sala de un cazador furtivo queriendo mostrar poderío o arponear un tiburón que limpia los mares, tan sólo por comer su aleta dorsal, son para mí crímenes de lesa humanidad.
Es inconcebible que muy pocos se adueñen de lo que con inmenso cariño les facilité, con el agravante que no comparten, pese a que les dejé todo en abundancia, con las consecuencias de carencia de necesidades básicas y espacios vitales para muchos de ustedes y todos los seres vivientes. Mis leyes son sabias como lo pueden apreciar en todos los productos que con singular equidad les ofrezco diariamente; por ello me duele su consumismo que desborda en lo superfluo. Basta observar las miles de toneladas de alimentos que botan a los ríos o a los basureros, mientras millones de congéneres de todas las edades padecen las inclemencias del hambre y la desnutrición. Es inaudito que por las leyes del mercado que ustedes idearon, existe una pobreza vergonzante frente a una riqueza descarada. El 1% de los 7500 millones de personas del planeta, son dueños del 60% de las riquezas que les facilité. La Pacha Mama, como me gusta que me llamen, no puede seguir soportando tanta injusticia.
Hacía también un siglo que no les mandaba una pandemia que viajara fácilmente por todo el mundo; pero tengo testigos que conmigo suplicaban los hermanos fuego, viento, montañas y agua para que detuvieran mi destrucción; por el contrario, utilizaron mis bienes para tratar de destruirme aún con bombas atómicas u otras también de destrucción masiva como las que lanzaron sobre Irak que sólo una, acabó con la vida de 600 niños y muchas madres. Todavía no puedo expresar el horror por la denominada Segunda Guerra Mundial. Pese a que han transcurrido más de setenta y cinco años, exactamente desde el 6 y 9 de agosto de 1945 cuando me lanzaron 2 bombas nucleares de uranio y plutonio sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, por órdenes de un soberbio gobernante Harry Truman, todavía no he podido superar ese inmenso dolor ni el trauma físico y psicológico que me produjeron. Recuerdo bien que inicialmente en pocos instantes murieron terriblemente calcinadas más de 200 mil de mis adorables hijos. Confieso que he sido impotente ante la radiactividad para evitar entre otras, las graves enfermedades congénitas y dermatológicas que lastimosamente se siguen produciendo por esa insensatez. Fue un genocidio que la historia aun no lo ha sancionado; por el contrario, los llamados vencedores se creen con patente de corso para seguir atropellando a los pueblos. Los cincuenta millones de muertos que cobró esa guerra inútil, es una muestra de la crueldad humana. Las armas nucleares no son un mal necesario son el mal supremo. Los estados nucleares gastaron 72 mil millones de dólares en armas atómicas en 2019 y Estados Unidos gastó más que las ocho naciones que le seguían en lista. Al paso que van las naciones armamentistas es posible la destrucción de la humanidad; nunca antes se había estado tan cerca de la autodestrucción. Paradójicamente Japón respaldó el uso de armas nucleares pese a la tragedia que sigue padeciendo. El gobierno Japonés deshonra la memoria de aquellos que han muerto y sufrido por la destrucción de las armas nucleares en la guerra, las pruebas y la producción.
Díganles a los que dicen ser dueños de mis legítimas propiedades y a los capataces de seres humanos, que dejen la soberbia y se dediquen a servir como lo hago yo con los cuatro elementos esenciales que les anuncié. Su reinado aparentemente podrá ser duradero; nunca infinito; me pueden cuidar o tratar de destruirme, depende de sus sentimientos y de que tengan en cuenta la ley de causa y efecto que tanto enseñó un ser infinitamente superior, basado en el libro sagrado, el Kibalión. Recuerden que yo no necesito de su presencia; lo mío sencillamente es sola bondad; ustedes sí necesitan de mí pero deben corresponder al amor que les profeso.
Les reitero mi cariño y mi anhelo de que vivan felices para que podamos andar de la mano en un presente y un porvenir lleno de alegría, esperanza y fraternidad.
En los últimos 100 años, tiempo que es muy corto con relación a la construcción de esta vivienda, que es aproximadamente de cinco mil millones de años, han destruido buena parte de mi patrimonio por la codicia, las malas expresiones y hasta por sus pensamientos negativos, que como bien saben, yo los percibo.
Con pena me vi obligada a enviarles esos bichos invisibles con el único fin de solicitarles un poco de conciencia por lo que están haciendo. Les advertí en muchas ocasiones con el recalentamiento climático y el deshielo de los polos; respondieron a través del fracking con el que me sacan la sangre, llamada por ustedes petróleo, donde no queda piedra sobre piedra y envenenan las fuentes de agua, junto con la aspersión de un veneno conocido como glifosato con el que queman una planta sagrada para muchos pueblos ancestrales denominada coca que al lado de aparentemente destruirla, afecta severamente mi piel y la de arbolitos que son su alimento y el de valiosos animalitos que polinizan o ayudan a completar mi ciclo de beneficios.
No hubiera querido causarles algunas preocupaciones, pero soy una madre ofendida a la que no le han correspondido cabalmente, pese a que no les he negado nada. Modestia aparte soy la personificación de la perfección y principalmente, de un amor infinito que no lo han valorado como debe ser.
Disculpen las personas buenas que por fortuna son numerosas; pero me es difícil seleccionar a los que se contagian de los que no deben contagiarse; sin embargo su salud está en buena parte, en el cuidado y la autoestima de cada uno de ustedes. Comedidamente les solicito como mínimo, el lavado de manos frecuente, la mascarilla y el prudente distanciamiento con todas las personas, además de una alimentación balanceada, rica en Vitamina C que envío periódicamente mediante promociones o abundantes cosechas. Les recomiendo por su bienestar que no sigan consumiendo bebidas embriagantes hasta perder el sentido, ni jugos de colorantes y sabores artificiales e igualmente no quisiera que siguieran sacrificando entre otros animales, a los vacunos y caprinos que sólo traen problemas en las arterias, el corazón y aún en vuestras células, produciendo la cariocinesis o envejecimiento prematuro. Como siempre y como manda el Creador, los dejo a su libre albedrío porque bien se sabe que cada humano es dueño de su propio destino.
Comedidamente les aconsejo que no se priven de disfrutar el aroma de las flores, degustar las diferentes clases de frutas, el canto de las aves, los avistamientos de ballenas, delfines o venadillos; el sonido del río, el mar o del arroyo cristalino y por favor no olviden contemplar el astro rey con sus amaneceres, atardeceres o en meridiano iluminando el firmamento o formando asombrosas figuras de algodón, y en la noche abrazando a su amada luna, con la curiosa presencia de miles de estrellas y luceros.
Les exijo que no sigan acabando con la vida de las plantas y animales si no hay una poderosa justificación; tomen conciencia que cada día desaparecen 10 especies diferentes con la posibilidad que al paso que van, también corre el peligro de desaparecer el género humano, observen, por ejemplo que un rey llamado “emérito” de España al que le rinden pleitesía aunque desfalcó a su pueblo, aparece en una foto con un pie encima de un elefante que acababa de matar para extraerle sus colmillos de marfil con el propósito de hacer bolas de billar; matar un tigre para elaborar un traje o un tapete, al que muchos lo pisan; aniquilar la vida de un león para colocar su cabeza en la sala de un cazador furtivo queriendo mostrar poderío o arponear un tiburón que limpia los mares, tan sólo por comer su aleta dorsal, son para mí crímenes de lesa humanidad.
Es inconcebible que muy pocos se adueñen de lo que con inmenso cariño les facilité, con el agravante que no comparten, pese a que les dejé todo en abundancia, con las consecuencias de carencia de necesidades básicas y espacios vitales para muchos de ustedes y todos los seres vivientes. Mis leyes son sabias como lo pueden apreciar en todos los productos que con singular equidad les ofrezco diariamente; por ello me duele su consumismo que desborda en lo superfluo. Basta observar las miles de toneladas de alimentos que botan a los ríos o a los basureros, mientras millones de congéneres de todas las edades padecen las inclemencias del hambre y la desnutrición. Es inaudito que por las leyes del mercado que ustedes idearon, existe una pobreza vergonzante frente a una riqueza descarada. El 1% de los 7500 millones de personas del planeta, son dueños del 60% de las riquezas que les facilité. La Pacha Mama, como me gusta que me llamen, no puede seguir soportando tanta injusticia.
Hacía también un siglo que no les mandaba una pandemia que viajara fácilmente por todo el mundo; pero tengo testigos que conmigo suplicaban los hermanos fuego, viento, montañas y agua para que detuvieran mi destrucción; por el contrario, utilizaron mis bienes para tratar de destruirme aún con bombas atómicas u otras también de destrucción masiva como las que lanzaron sobre Irak que sólo una, acabó con la vida de 600 niños y muchas madres. Todavía no puedo expresar el horror por la denominada Segunda Guerra Mundial. Pese a que han transcurrido más de setenta y cinco años, exactamente desde el 6 y 9 de agosto de 1945 cuando me lanzaron 2 bombas nucleares de uranio y plutonio sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, por órdenes de un soberbio gobernante Harry Truman, todavía no he podido superar ese inmenso dolor ni el trauma físico y psicológico que me produjeron. Recuerdo bien que inicialmente en pocos instantes murieron terriblemente calcinadas más de 200 mil de mis adorables hijos. Confieso que he sido impotente ante la radiactividad para evitar entre otras, las graves enfermedades congénitas y dermatológicas que lastimosamente se siguen produciendo por esa insensatez. Fue un genocidio que la historia aun no lo ha sancionado; por el contrario, los llamados vencedores se creen con patente de corso para seguir atropellando a los pueblos. Los cincuenta millones de muertos que cobró esa guerra inútil, es una muestra de la crueldad humana. Las armas nucleares no son un mal necesario son el mal supremo. Los estados nucleares gastaron 72 mil millones de dólares en armas atómicas en 2019 y Estados Unidos gastó más que las ocho naciones que le seguían en lista. Al paso que van las naciones armamentistas es posible la destrucción de la humanidad; nunca antes se había estado tan cerca de la autodestrucción. Paradójicamente Japón respaldó el uso de armas nucleares pese a la tragedia que sigue padeciendo. El gobierno Japonés deshonra la memoria de aquellos que han muerto y sufrido por la destrucción de las armas nucleares en la guerra, las pruebas y la producción.
Díganles a los que dicen ser dueños de mis legítimas propiedades y a los capataces de seres humanos, que dejen la soberbia y se dediquen a servir como lo hago yo con los cuatro elementos esenciales que les anuncié. Su reinado aparentemente podrá ser duradero; nunca infinito; me pueden cuidar o tratar de destruirme, depende de sus sentimientos y de que tengan en cuenta la ley de causa y efecto que tanto enseñó un ser infinitamente superior, basado en el libro sagrado, el Kibalión. Recuerden que yo no necesito de su presencia; lo mío sencillamente es sola bondad; ustedes sí necesitan de mí pero deben corresponder al amor que les profeso.
Les reitero mi cariño y mi anhelo de que vivan felices para que podamos andar de la mano en un presente y un porvenir lleno de alegría, esperanza y fraternidad.
Comedidamente les aconsejo que no se priven de disfrutar el aroma de las flores, degustar las diferentes clases de frutas, el canto de las aves, los avistamientos de ballenas, delfines o venadillos; el sonido del río, el mar o del arroyo cristalino y por favor no olviden contemplar el astro rey con sus amaneceres, atardeceres o en meridiano iluminando el firmamento o formando asombrosas figuras de algodón, y en la noche abrazando a su amada luna, con la curiosa presencia de miles de estrellas y luceros.
Les exijo que no sigan acabando con la vida de las plantas y animales si no hay una poderosa justificación; tomen conciencia que cada día desaparecen 10 especies diferentes con la posibilidad que al paso que van, también corre el peligro de desaparecer el género humano, observen, por ejemplo que un rey llamado “emérito” de España al que le rinden pleitesía aunque desfalcó a su pueblo, aparece en una foto con un pie encima de un elefante que acababa de matar para extraerle sus colmillos de marfil con el propósito de hacer bolas de billar; matar un tigre para elaborar un traje o un tapete, al que muchos lo pisan; aniquilar la vida de un león para colocar su cabeza en la sala de un cazador furtivo queriendo mostrar poderío o arponear un tiburón que limpia los mares, tan sólo por comer su aleta dorsal, son para mí crímenes de lesa humanidad.
Es inconcebible que muy pocos se adueñen de lo que con inmenso cariño les facilité, con el agravante que no comparten, pese a que les dejé todo en abundancia, con las consecuencias de carencia de necesidades básicas y espacios vitales para muchos de ustedes y todos los seres vivientes. Mis leyes son sabias como lo pueden apreciar en todos los productos que con singular equidad les ofrezco diariamente; por ello me duele su consumismo que desborda en lo superfluo. Basta observar las miles de toneladas de alimentos que botan a los ríos o a los basureros, mientras millones de congéneres de todas las edades padecen las inclemencias del hambre y la desnutrición. Es inaudito que por las leyes del mercado que ustedes idearon, existe una pobreza vergonzante frente a una riqueza descarada. El 1% de los 7500 millones de personas del planeta, son dueños del 60% de las riquezas que les facilité. La Pacha Mama, como me gusta que me llamen, no puede seguir soportando tanta injusticia.
Hacía también un siglo que no les mandaba una pandemia que viajara fácilmente por todo el mundo; pero tengo testigos que conmigo suplicaban los hermanos fuego, viento, montañas y agua para que detuvieran mi destrucción; por el contrario, utilizaron mis bienes para tratar de destruirme aún con bombas atómicas u otras también de destrucción masiva como las que lanzaron sobre Irak que sólo una, acabó con la vida de 600 niños y muchas madres. Todavía no puedo expresar el horror por la denominada Segunda Guerra Mundial. Pese a que han transcurrido más de setenta y cinco años, exactamente desde el 6 y 9 de agosto de 1945 cuando me lanzaron 2 bombas nucleares de uranio y plutonio sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, por órdenes de un soberbio gobernante Harry Truman, todavía no he podido superar ese inmenso dolor ni el trauma físico y psicológico que me produjeron. Recuerdo bien que inicialmente en pocos instantes murieron terriblemente calcinadas más de 200 mil de mis adorables hijos. Confieso que he sido impotente ante la radiactividad para evitar entre otras, las graves enfermedades congénitas y dermatológicas que lastimosamente se siguen produciendo por esa insensatez. Fue un genocidio que la historia aun no lo ha sancionado; por el contrario, los llamados vencedores se creen con patente de corso para seguir atropellando a los pueblos. Los cincuenta millones de muertos que cobró esa guerra inútil, es una muestra de la crueldad humana. Las armas nucleares no son un mal necesario son el mal supremo. Los estados nucleares gastaron 72 mil millones de dólares en armas atómicas en 2019 y Estados Unidos gastó más que las ocho naciones que le seguían en lista. Al paso que van las naciones armamentistas es posible la destrucción de la humanidad; nunca antes se había estado tan cerca de la autodestrucción. Paradójicamente Japón respaldó el uso de armas nucleares pese a la tragedia que sigue padeciendo. El gobierno Japonés deshonra la memoria de aquellos que han muerto y sufrido por la destrucción de las armas nucleares en la guerra, las pruebas y la producción.
Díganles a los que dicen ser dueños de mis legítimas propiedades y a los capataces de seres humanos, que dejen la soberbia y se dediquen a servir como lo hago yo con los cuatro elementos esenciales que les anuncié. Su reinado aparentemente podrá ser duradero; nunca infinito; me pueden cuidar o tratar de destruirme, depende de sus sentimientos y de que tengan en cuenta la ley de causa y efecto que tanto enseñó un ser infinitamente superior, basado en el libro sagrado, el Kibalión. Recuerden que yo no necesito de su presencia; lo mío sencillamente es sola bondad; ustedes sí necesitan de mí pero deben corresponder al amor que les profeso.
Les reitero mi cariño y mi anhelo de que vivan felices para que podamos andar de la mano en un presente y un porvenir lleno de alegría, esperanza y fraternidad.
Hacía también un siglo que no les mandaba una pandemia que viajara fácilmente por todo el mundo; pero tengo testigos que conmigo suplicaban los hermanos fuego, viento, montañas y agua para que detuvieran mi destrucción; por el contrario, utilizaron mis bienes para tratar de destruirme aún con bombas atómicas u otras también de destrucción masiva como las que lanzaron sobre Irak que sólo una, acabó con la vida de 600 niños y muchas madres. Todavía no puedo expresar el horror por la denominada Segunda Guerra Mundial. Pese a que han transcurrido más de setenta y cinco años, exactamente desde el 6 y 9 de agosto de 1945 cuando me lanzaron 2 bombas nucleares de uranio y plutonio sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, por órdenes de un soberbio gobernante Harry Truman, todavía no he podido superar ese inmenso dolor ni el trauma físico y psicológico que me produjeron. Recuerdo bien que inicialmente en pocos instantes murieron terriblemente calcinadas más de 200 mil de mis adorables hijos. Confieso que he sido impotente ante la radiactividad para evitar entre otras, las graves enfermedades congénitas y dermatológicas que lastimosamente se siguen produciendo por esa insensatez. Fue un genocidio que la historia aun no lo ha sancionado; por el contrario, los llamados vencedores se creen con patente de corso para seguir atropellando a los pueblos. Los cincuenta millones de muertos que cobró esa guerra inútil, es una muestra de la crueldad humana. Las armas nucleares no son un mal necesario son el mal supremo. Los estados nucleares gastaron 72 mil millones de dólares en armas atómicas en 2019 y Estados Unidos gastó más que las ocho naciones que le seguían en lista. Al paso que van las naciones armamentistas es posible la destrucción de la humanidad; nunca antes se había estado tan cerca de la autodestrucción. Paradójicamente Japón respaldó el uso de armas nucleares pese a la tragedia que sigue padeciendo. El gobierno Japonés deshonra la memoria de aquellos que han muerto y sufrido por la destrucción de las armas nucleares en la guerra, las pruebas y la producción.
Díganles a los que dicen ser dueños de mis legítimas propiedades y a los capataces de seres humanos, que dejen la soberbia y se dediquen a servir como lo hago yo con los cuatro elementos esenciales que les anuncié. Su reinado aparentemente podrá ser duradero; nunca infinito; me pueden cuidar o tratar de destruirme, depende de sus sentimientos y de que tengan en cuenta la ley de causa y efecto que tanto enseñó un ser infinitamente superior, basado en el libro sagrado, el Kibalión. Recuerden que yo no necesito de su presencia; lo mío sencillamente es sola bondad; ustedes sí necesitan de mí pero deben corresponder al amor que les profeso.
Les reitero mi cariño y mi anhelo de que vivan felices para que podamos andar de la mano en un presente y un porvenir lleno de alegría, esperanza y fraternidad.
El turaco de Livingstone es una especie de ave Musophagiformes de la familia Musophagidae que vive en sureste de África. Wikipedia
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